{"id":229,"date":"2018-09-10T21:18:30","date_gmt":"2018-09-10T21:18:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.viajeros.net\/vwp\/?page_id=229"},"modified":"2018-09-10T21:18:30","modified_gmt":"2018-09-10T21:18:30","slug":"la-virgen-maria-y-las-virtudes-teologales","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.viajeros.net\/vwp\/la-virgen-maria-y-las-virtudes-teologales\/","title":{"rendered":"La Virgen Mar\u00eda y las Virtudes Teologales"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><em>La Virgen Mar\u00eda y el desarrollo de la fe teologal.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Considerar a la Virgen Sant\u00edsima realizando el progreso de la fe teologal es acercarnos a contemplar una de las m\u00e1s bellas facetas de su excelsa existencia. Su vida fue una vida de fe en donde no encontramos nada de pasivo o turbio, sino que por el contrario respaldece esa actitud de indagaci\u00f3n, de amor y de servicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Se puede hablar de su vida de fe como una vida de comuni\u00f3n con el\u00a0<em>misterio<\/em>, como de una vida de intimidad con el Santo de los Santos, que no obstante su inefabilidad y trascendencia, le dejaba entrever alguna brizna luminosa de su incandescente hoguera. En ella m\u00e1s que en ninguna otra criatura, se realiz\u00f3 el enunciado de\u00a0<em>vida de fe<\/em>, pues su existencia no fue otra cosa sino vivir en forma concreta y constante el ejercicio vigoroso de su fe, que la impulsaba con apremio a servirse de toda ocasi\u00f3n para elevar sus pensamiento y dem\u00e1s afectos a una esfera superior\u00a0: el \u00e1mbito de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que dejarse enrolar en el misterio de Dios es estar dispuesto a soportar las perplejidades m\u00e1s incongruentes y las sorpresas ,menos imaginables. Y esto la Virgen Mar\u00eda lo vivi\u00f3 con una intensidad inigualable. Dios le hablaba de maternidad virginal, sin concurso de var\u00f3n alguno, \u00fanicamente por fuerza de la Omnipotencia divina. Ella crey\u00f3 y su fe tuvo su fruto y feliz recompensa\u00a0: el Verbo de Dios Padre tomaba carne de su propia carne y comenzaba su misterio de redenci\u00f3n en las pur\u00edsimas entra\u00f1as de esta Virgen Madre.<\/p>\n\n\n\n<p>Quisi\u00e9ramos pensar que la anunciaci\u00f3n y la noche iluminada en que los cielos se colmaron de cantos y mir\u00edadas ang\u00e9licas para anunciar el nacimiento del Redentor hab\u00eda sido suficientes para\u00a0<em>confirmar<\/em>\u00a0a la Virgen Mar\u00eda en una situaci\u00f3n de familiaridad ante lo inesperado, ante la proximidad del misterio que se hac\u00eda presente en formas tan complejas y diversas, o en manifestaciones tan simples y conmovedoras\u00a0; pero parece que no fue as\u00ed. Nunca se hubiera imaginado que aquella misteriosa espada que le hab\u00eda vaticinado Sime\u00f3n iba a comenzar sus desgarramientos dolorosos con una privaci\u00f3n ins\u00f3lita, totalmente incomprensible a los juicios humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda, la madre de Jes\u00fas, no comprend\u00eda los acontecimientos de la vida de su Hijo en toda su plenitud y perfecci\u00f3n. Mar\u00eda la Madre de Dios, se sorprend\u00eda y se admiraba de lo que realizaba su Hijo el Redentor. Mar\u00eda, la Virgen de la fe, guardaba en su coraz\u00f3n\u00a0<em>todo aquello<\/em>\u00a0para hacerlo objeto de su atenta contemplaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Tan cerca de Dios como ninguna otra criatura, con su alma sorprendentemente iluminada por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo y sin embargo, por causa de su vida de fe, se ve\u00eda forzada a descubrir la presencia del Verbo a trav\u00e9s de los signos sensible, de las manifestaciones tangibles que brotaban del proceder normal de su Hijo. La prueba de fe, lejos de doblegarla cual d\u00e9bil ca\u00f1a, hac\u00eda que sus ra\u00edces profundizaran en la confianza de la Providencia Divina. Su fe era una fe fuerte que irradiaba seguridad y mov\u00eda hacia Dios. Una fe viva que ayudaba a los dem\u00e1s a realizar la peregrinaci\u00f3n con los ojos fijos en la altura.<\/p>\n\n\n\n<p>La experiencia de Dios en su existencia, era m\u00e1s que un sentimiento profundo, much\u00edsimo m\u00e1s que aquella invasi\u00f3n de plenitud gozosa y de conocimiento \u00edntimo con el que Dios se ha comunicado a sus grandes amigos. Era simplemente el amor de Dios Padre por su elegido. Era el amor de todo un Dios por su Madre&#8230; Y no obstante toda esta plenitud de luz y de claridad inalcanzables, ella se ve\u00eda confiada a las exigencias que le impon\u00eda el desarrollo normal de su fe, su situaci\u00f3n de viadora<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Virgen Mar\u00eda y la prueba de fe<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Cualquiera que haya tenido un poco de contacto con los escritos de los m\u00edsticos, o con los verdaderos hombres de Dios, habr\u00e1 sentido, sin duda alguna, el impacto de ver la inquietud y muchas veces la agotadora lucha de estos hombres que aman y creen en el Se\u00f1or, pero que a causa del desarrollo de su fe parece como si Dios se hubiese ausentado de sus vidas. Son en verdad momentos de terrible martirio, horas y d\u00edas en que las tinieblas de mil preguntas vienen a asediar esos esp\u00edritus fuertes y lanzar contra ellos toda clase de ponzo\u00f1osos ataques.<\/p>\n\n\n\n<p>Silencio de Dios, ante el rechazo y dolorosa comprobaci\u00f3n de no poder encontrar un ambiente adecuado para que naciera el Salvador de los hombres, el Creador del universo entero. Era la prueba de la fe\u00a0; penas reales, sufrimientos que calaban hasta lo m\u00e1s \u00edntimo de su coraz\u00f3n de madre amoros\u00edsima. Y se dice silencio de Dios, no porque Dios no hable al alma en esos momentos. S\u00ed le habla. Pero no como quisiera el alma que Dios se comunicara con ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Sent\u00eda la experiencia de Dios que la arropaba fuerte, apretadamente, hasta la m\u00e1s sutil fibra de su ser\u00a0; pero tambi\u00e9n ten\u00eda conciencia de que a\u00fan no gozaba de la visi\u00f3n perfecta, ni del gozo completo que produce la posesi\u00f3n cumplida. Mientras tanto, Ella viv\u00eda generosa su vida de fe, ante el abandono, en la Providencia amorosa de Dios que se hac\u00eda presente en su vida en aquellos profundos silencios de misterio divino.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Virgen Mar\u00eda y el desprendimiento que causa la fe<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El consentimiento de la Virgen Mar\u00eda a la invitaci\u00f3n de Dios era fruto de su fe y de su amor. Y en aquel\u00a0<em>Fiat<\/em>\u00a0la Virgen se encontraba para vivir secundando la obra de Dios no obstante que para ello tuviera que pasar por todas las pruebas propias de una fe que supera, que exige y que hiere las fibras m\u00e1s delicadas del ser.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada es absurdo para el que cree. Nada es insuperable par el que ama. Y ella amaba y cre\u00eda en su Dios y a El se abandonaba. Su actitud era la de siempre\u00a0: contemplar y volver a contemplar, con una mirada luminosa, el paso silencioso de Dios en su veda. Era Dios mismo qui\u00e9n la hac\u00eda sufrir y precisamente por causa de su Hijo. Esa era la verdadera prueba de fe, el dolor que romp\u00eda su noble alma en mil pedazos. Y Ella volv\u00eda a repetir conscientemente su palabra preferida\u00a0:\u00a0<em>Fiat<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Virgen Mar\u00eda y el silencio de la fe teologal.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Hablar de progreso de la fe es hablar necesariamente de un perfeccionamiento, de unma mayor comprensi\u00f3n y aceptaci\u00f3n del misterio de Dios en nuestras vidas. La fe por su misma naturaleza lleva en s\u00ed ese rasgo peculiar de no responder plenamente como quisi\u00e9ramos, a todas nuestras inquietudes. La fe es una ascensi\u00f3n de silencio para llegar a comprender en la altura, en la cima, la plenitud de la palabra de Dios\u2026\u00a0; pero mientras no se llegue a la cumbre, el camino ser\u00e1 de esfuerzo, de superaci\u00f3n, de adhesi\u00f3n, de continuo renunciamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Acercarse a Dios es acercarse a participar de su inexorable y sublime silencio. Nuestra Se\u00f1ora de la fe es nuestra Se\u00f1ora del silencio\u2026 Su fe le obliga a adherirse al misterio de Dios sin andar exigiendo m\u00e1s de lo que en su papel de viadora le conven\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La fe es pues virtud que lleva consigo la impronta del silencio, que exige silencio \u00edntimo y profundo en lo m\u00e1s medular del esp\u00edritu. Fe y silencio se armonizan admirablemente en el misterio de Dios. Y a trav\u00e9s de la Virgen del silencio, Dios Padre le entrega a los hombres su Verbo. Su soledad no era soledad, porque estaba saturada de la presencia divina\u00a0; su silencio, no era silencio\u00a0: era un silencio vivificado, iluminado por la presencia de Dios. Mar\u00eda entraba en la contemplaci\u00f3n plena y perfecta del silencio majestuoso de Dos, en donde la fe se convert\u00eda en esplendente visi\u00f3n, la esperanza en posesi\u00f3n cumplida y la caridad en amor consumado.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Virgen Mar\u00eda y el gozo de la fe<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La virtud sobrenatural de la fe hunde al alma en el centro del misterio de Dios. La fuerza arrobadora que esta virtud proyecta, es la certeza que experimente el alma de saber que es Dios quien se comunica a ella, le entrega el secreto de lo que El es y la entusiasma a participar de su misma felicidad. Todo esto hace que en el alma se susciten toda una serie de nobil\u00edsimos sentimientos, que van desde el gozo indecible, alegr\u00eda santa, que no es otra cosa sino Dios mismo actuando en el fondo del alma y colm\u00e1ndola de su divina consolaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que se\u00f1alar, que mientras m\u00e1s perfecta es la virtud sobrenatural, m\u00e1s une al alma con Dios, m\u00e1s la hacer participar de esa vida divina, y , consiguientemente, se aquilataba en ella su capacidad para experimentar la acci\u00f3n fruitiva, dichosa, de la riqueza inagotable de todo un Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>La fe sobrenatural perfecciona a todo el ser del hombre y de manera m\u00e1s inmediata sus potencias superiores\u00a0: entendimiento y voluntad, que son como el recipiente en donde se deposita y se perfecciona la fe sobrenatural. La fe implica adhesi\u00f3n, entrega, y esta realizaci\u00f3n es m\u00e1s perfecta en la medida en que el alma est\u00e1 convencida de que as\u00ed tiene que ser aquello, aunque no entienda plenamente los motivos y razones, ni alcance a poseer una visi\u00f3n exhaustiva de aquella situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>La Virgen Mar\u00eda y el progreso de su Esperanza teologal<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El hombre de hoy sufre, fuertemente, los impactos de su \u00e9poca\u00a0: avalancha de acontecimientos que en vor\u00e1gine incontenible se arrojan sobre \u00e9l llev\u00e1ndolo a suna postraci\u00f3n y angustia lamentables. El hombre de hoy hace viva la profec\u00eda de Nietzche, de aquel hombre alejado de Dios, de aquel ciego que no conoce el camino y da tumbos, de aquel agonizante que muere sin esperanza de redenci\u00f3n. El hombre de hoy es un hombre que se hunde en la angustia, que lo corroe la desesperaci\u00f3n, que lo aniquila el tedio y lo abruma el cansancio de una vida que no tiene orillas amables ni un halag\u00fce\u00f1o horizonte.<\/p>\n\n\n\n<p>La Iglesia, ante el momento actual, invita a sus hijos a que contemplemos a la Virgen Sant\u00edsima como nuestro modelo\u00a0: Ella,\u00a0<em>esperanza de todo el mundo y aurora de salvaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablar de esperanza, es hablar de felicidad, de un gozo que nos hace desear la posesi\u00f3n completa y perfecta del bien deseado. Respecto a la esperanza cristiana es preciso hablar de un gozo que no puede ser otro sino la misma posesi\u00f3n de Dios causando en nosotros la dicha plena. Por otra parte, el ejercicio de la esperanza teologal est\u00e1 en relaci\u00f3n a la excelencia del conocimiento que se tiene de la bondad de Dios, de su omnipotencia y misericordia en favor de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>La excelencia de su profunda humildad la hac\u00eda reconocerse en toda la dimensi\u00f3n de su peque\u00f1ez ante la trascendencia de Dios, pero la impulsaba a glorificar al Se\u00f1or por todo lo que El hab\u00eda hecho en Ella y la mov\u00eda a arrojarse en los brazos de su Providencia. Esta esperanza teologal la pon\u00eda frente a la Obra redentora de su Hijo y le hac\u00eda comprender cada vez con mayor profundidad la misericordia en favor del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>El ejercicio vigoroso de esta esperanza teologal hac\u00eda que la Virgen Mar\u00eda no detuviera su vista en las criaturas, por m\u00e1s perfectas que estas se presentaran. Ella ten\u00eda la profunda experiencia que Dios no la defraudar\u00eda. La historia singular de su vida estaba fuertemente invadida de la presencia de Dios omnipotente, siempre dispuesto a secundar su divino designio.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante el misterio de su Hijo el redentor, su actitud era la de una persona que palpa en s\u00ed misma los efectos de esa manifestaci\u00f3n de Dios en favor del hombre. Ella viv\u00eda estos acontecimientos, los meditaba en el fondo de su coraz\u00f3n, y se val\u00eda de ellos para acrecentar m\u00e1s su confianza en el Poder misericordioso de un Dios para el que no hay imposibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Consecuencia tambi\u00e9n de su esperanza teologal fue esa actitud de perseverancia imperturbable, no obstante las terribles y dolorosas situaciones por las que tuvo que pasar el camino de su existencia. Virgen fiel la llama la Iglesia y con sobrados motivos y merecida raz\u00f3n. Toda su armoniosa ascensi\u00f3n a la casa del Padre puede resumirse en una aceptaci\u00f3n generosa ante las exigencias de Dios en su vida, en un pronunciar un\u00a0<em>si<\/em>\u00a0con todo su afecto y convencimiento al reclamo constante que su Se\u00f1or le hace.<\/p>\n\n\n\n<p>El desarrollo de la esperanza teologal de la Virgen Sant\u00edsima, existe una caracter\u00edstica muy especial. El objeto de la esperanza teologal de nuestra Se\u00f1ora era su mismo Hijo, apoyo y motivo principal de su comuni\u00f3n con Dios. Por El, con El y en El, Dios la hab\u00eda colmado de privilegios y gracias. Unirse al destino de su Hijo era la mejor manera de manifestar su adhesi\u00f3n a Dios y la confianza ilimitada que ten\u00eda en sus admirables y trascendentales designios.<\/p>\n\n\n\n<p>La esperanza teologal hace que el hombre entre en comuni\u00f3n con Dios, que se eleven sus anhelos, que descanse en Dios esa vehemencia de verse colmadas alg\u00fan d\u00eda todas las aspiraciones, y ansias de perfecci\u00f3n. La esperanza teologal hace preguntar el gozo que se poseer\u00e1 en forma indefectible, inacabable, en consumaci\u00f3n perfecta con el Reino de los cielos.<\/p>\n\n\n\n<p>Vienen muy a cuento aqu\u00ed las palabras con las que clausura Paulo VI su exhortaci\u00f3n<em>\u00a0Marialis Cultus\u00a0<\/em>:\u00a0<em>Al hombre contempor\u00e1neo, frecuentemente atormentado entre la angustia y la esperanza, postrado por la sensaci\u00f3n de su limitaci\u00f3n y asaltado por las aspiraciones sin conf\u00edn, turbado en el \u00e1nimo y dividido en el coraz\u00f3n, la mente suspendida por el enigma de la muerte, oprimido por la soledad mientras tiende hacia la comuni\u00f3n, presa de sentimientos de n\u00e1usea y hast\u00edo, la Virgen, contemplada en su vicisitud evang\u00e9lica y en la realidad ya conseguida en la Ciudad de Dios, ofrece una visi\u00f3n serena y una palabra tranquilizadora\u00a0: la victoria de la esperanza sobre la angustia, de la comuni\u00f3n sobre la soledad, de la paz sobre la turbaci\u00f3n, de la alegr\u00eda y de la belleza sobre el tedio y la n\u00e1usea, de las perspectivas eternas sobre las temporales, de la vida sobre la muerte.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>La Virgen Mar\u00eda y la prueba de la esperanza teologal<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La virtud crece y se aquilata como el oro en el crisol. Y as\u00ed para que exista verdadera virtud desarrollada, madura, es preciso que tenga que pasar por todas esas exigencias propias del progreso y del perfeccionamiento de los actos humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>El crecimiento de la esperanza teologal en la Virgen Mar\u00eda, tendr\u00e1 que verse \u00edntima, directamente vinculado al misterio de su Divina Maternidad, pero desde una maternidad corredentora en su inicio, en su prosecuci\u00f3n y en su feliz coronamiento. Ella como nosotros, tuvo que realizar la ascensi\u00f3n a la casa del Padre por el sendero de la esperanza teologal. Ella como nosotros, supo lo que significa apoyarse totalmente en el auxilio omnipotente de Dios, porque se sabe que no nos defraudar\u00e1. Ella, como nosotros, experiment\u00f3 en su propia existencia que Dios tiene caminos muy diferentes a nuestros caminos, pero que sus caminos son seguros, aunque algunas veces no los entendamos del todo.<\/p>\n\n\n\n<p>La Providencia de Dios es auxilio de su divina gracia para salir airosamente en cualquier circunstancia que presente la historia de nuestra vida. El Evangelio nos vuelve a presentar el cuadro de la Sagrada Familia en un marco de cierta tranquilidad y aun de prosperidad. As\u00ed cuando llegan aquellos misteriosos magos venidos de tierras de Oriente encuentran a Mar\u00eda en su casa, se\u00f1al del trabajo y atenci\u00f3n de S. Jos\u00e9 en favor de su familia. Otro de los momentos claves de la prueba de la esperanza en la vida espiritual de la Virgen Mar\u00eda lo encontramos en el episodio de la p\u00e9rdida de Jes\u00fas a la edad de doce a\u00f1os y encontrado hasta despu\u00e9s de tres d\u00edas en el Templo en medio de los doctores. Lc con su lenguaje pintoresco nos describe la subida de la Santa Familia a Jerusal\u00e9n con motivo de la Fiesta de la Pascua. La gran solemnidad jud\u00eda. Ah\u00ed fue, entonces, cuando se perdi\u00f3 Jes\u00fas. Es comprensible este hecho si consideramos que en estos momentos Jes\u00fas tiene tan solo doce a\u00f1os y en esa edad puede ir aun entre el grupo de mujeres o tambi\u00e9n ya puede integrarse al grupo de los hombres. Esto nos hace pensar que la Virgen creer\u00eda que el Ni\u00f1o iba con Jos\u00e9 y que por el contrario, Jos\u00e9 pensar\u00eda que Jes\u00fas ir\u00eda con su Madre. Es imposible conocer la altura, profundidad, y anchura de los sentimientos de la Virgen Mar\u00eda en estos tres d\u00edas de quebranto. Su Hijo perdido entre aquellas muchedumbres que hab\u00edan venido a la Fiesta de la Pascua.<\/p>\n\n\n\n<p>La boda de Can\u00e1 es una magn\u00edfica oportunidad para ac\u00e9rcanos, una vez m\u00e1s, y contemplar la esperanza teologal de Nuestra Madre de los cielos en un dinamismo asombroso, en una madurez y fortalecimiento que sobrepasa en mucho nuestros d\u00e9biles juicios. Es en este marco en donde aparece, una vez m\u00e1s, y con una fuerza y claridad inusitada, el ejercicio de la esperanza teologal de la Virgen Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Los relatos evang\u00e9licos nos vuelven a presentar a la Virgen Mar\u00eda \u00fanicamente en los momentos en que Cristo se encuentra a punto de morir. Era el momento de la prueba suprema en el ejercicio de la esperanza teologal. Ella se esforzaba en vivirlo con toda plenitud. Era una esperanza que trataba de adherirse en forma plena al cumplimiento de la voluntad salvadora de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo, en medio de facinerosos, como uno m\u00e1s de esos criminales. El, el Hijo de Dios, su rostro, afeado, su cuerpo, terriblemente maltratado, suspendido de una oscura y doliente cruz. Y la Virgen contemplaba ese desastroso panorama. Ella sab\u00eda que Cristo era Dios, el Unig\u00e9nito del Padre de los cielos y que se estaba muriendo en aquellos instantes, y Ella no pod\u00eda hacer nada, absolutamente nada para impedir aquella horrible tragedia.<\/p>\n\n\n\n<p>Su Hijo estaba muerto, y a Ella le tocaba continuar la obra de su Jes\u00fas en la tierra\u00a0: prolongar la perfecta alabanza a Dios, realizar la perfecta adoraci\u00f3n al Dios que orienta con amor nuestras vidas, entregarse confiadamente al cumplimiento de su divina voluntad. En esta forma se esforzaba la Virgen Sant\u00edsima por superar la prueba de la esperanza teologal. Esperar en Dios con una confianza ilimitada, firme, inquebrantable, aunque las circunstancias y dem\u00e1s acontecimientos vistos desde el \u00e1ngulo humano estuvieran indicando todo lo contrario.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mar\u00eda y el desprendimiento que causa la esperanza teologal.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Al hablar del desprendimiento que realiz\u00f3 el desarrollo de la esperanza teologal en la Virgen Sant\u00edsima, tengamos que recurrir a la presencia y acci\u00f3n de Dios en su vida, manifestada y gustada, pero tambi\u00e9n a\u00f1orada y deseada todo el tiempo que se prolong\u00f3 esa desgarrante ausencia. Bien pudiera decirse que el desprendimiento en la esperanza teologal de Dios lo inici\u00f3 en forma paulatina, sosegada.<\/p>\n\n\n\n<p>El desprendimiento que nos presenta el ejercicio de la esperanza teologal en la vida de la Virgen Mar\u00eda, se puede sintetizar en la ausencia de la presencia de Dios, no como se da en la vida del pecador, qui\u00e9n es culpable de aquella ausencia, es decir, qui\u00e9n es causante del abandono de Dios. Toda su vida se ha realizado en un marco de renuncias de tipo material, de bienes exteriores, y que sin embargo son parte del misterioso desprendimiento que realiz\u00f3 en Ella el perfeccionamiento de la esperanza teologal. Ten\u00eda que esperar en Dios, como Dios quer\u00eda que Ella esperara. Ten\u00eda que sufrir el despojo de toda confianza que no estuviera en conexi\u00f3n con el actuar omnipotente de Dios en su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta faceta de la vida espiritual de nuestra Madre de los cielos, por verse tan \u00edntimamente unida al misterio de Dios, participa intensamente de todo este conjunto de caracter\u00edsticas que acompa\u00f1an a lo arcano, a lo trascendente y divino.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Virgen Mar\u00eda y el gozo de la esperanza teologal.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El gozo de la esperanza teologal de la Virgen Mar\u00eda radicaba en una experiencia del amor de Dios por Ella. Adem\u00e1s el ejercicio de su esperanza teologal se desarrollaba en ese gozo limpio y libre de todas las pesanteces propias de quien se mira pecador y atrapado por el brillo seductor de las criaturas.<\/p>\n\n\n\n<p>Su esperanza teologal tiene la caracter\u00edstica de un dinamismo que se entrega totalmente al designio de Dios, pero poniendo en actividad todos los recursos que estaban a su alcance.<\/p>\n\n\n\n<p>Los te\u00f3logos siempre hacen la relaci\u00f3n entre el don de Temor y la virtud teologal de la esperanza en raz\u00f3n de esa divina experiencia sobre la trascendencia de Dios que causa el Esp\u00edritu Santo en el alma y que la hace sentir qui\u00e9n es ella y qui\u00e9n es Dios. En cuanto al don de Sabidur\u00eda y su acci\u00f3n sobre la esperanza teologal\u00a0: qui\u00e9n ama, espera, y cuanto m\u00e1s perfecto es el amor, m\u00e1s limpia y perfecta es la esperanza de poder alcanzarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta sabidur\u00eda divina, era la que la hac\u00eda esperar como Dios quer\u00eda que esperara, la que la hac\u00eda amar como Dios quer\u00eda que amara, la que la hac\u00eda adaptarse y entregarse libre y generosamente al cumplimiento de su Divina Voluntad, y, consecuentemente, todo esto era lo que produc\u00eda en Ella como feliz resultado un gozo divino, inamovible, que se alegraba de esperarlo todo de la bondad de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Las virtudes teologales son los \u00fanicos medios por los cuales el hombre se puede unir a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>La Virgen Mar\u00eda y el desarrollo de la divina caridad<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Es la misma Iglesia la que nos presenta a la Virgen ejercitando la divina caridad en forma pr\u00e1ctica y concreta, ya en el nacimiento de Cristo, ya en la visitaci\u00f3n a su prima Isabel, etc. La Madre de Dios es tipo de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la uni\u00f3n perfecta con Cristo. Ella d\u00f3cil a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo se dejaba conducir por los caminos del amor, ascendiendo de claridad en claridad, de perfecci\u00f3n en perfecci\u00f3n, de comunicaci\u00f3n, de gozo divino cada vez m\u00e1s pleno.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Esta caridad en grado tan eminente, la ejerci\u00f3 de una manera contin\u00faa pero m\u00e1s especialmente cuando se consagr\u00f3 totalmente a Dios, cuando fue presentada en el templo e hizo el voto de virginidad&#8230; Finalmente en el calvario, participando en todos los padecimientos por la gloria de Dios, con esp\u00edritu de reparaci\u00f3n y por la salvaci\u00f3n de todos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Sant\u00edsima, nos dice la Iglesia, es fruto del amor de la trinidad: totalmente santa e inmune de toda mancha de pecado, como plasmada y hecha una nueva criatura por el Esp\u00edritu Santo, enriquecida desde el instante de la concepci\u00f3n. Dios Padre la eligi\u00f3 desde la eternidad como Madre toda santa y adorn\u00f3 con dones del Esp\u00edritu Santo que no fueron concebidos a ning\u00fan otro. Por tanto, la divina caridad es un don de Dios, que f\u00e1cilmente lo podemos notar en las acciones de Dios sobre Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo el amor de Dios habitando el seno de Mar\u00eda. Todo el ser de Mar\u00eda bajo la acci\u00f3n de la Divina Caridad.\u00a0<em>Dios que es el amor infinito, quiso sacar de la nada un ser que se le pareciera tanto, cuanto es posible que una criatura se asemeje a su Creador; un ser que se aproximase, hasta tocarla, a la humanidad de Cristo unidad a su divinidad. Este ser fue la Virgen Mar\u00eda<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda nos muestra que fue invadida por la transformante gracia de Dios y de esa manera nos manifiesta su progreso de la divina caridad. Hay que decir que la caridad divina no es m\u00e1s que la participaci\u00f3n m\u00e1s plena del mismo amor que Dios tenga por su criatura. El don con que va perfeccionando la caridad es por medio de la sabidur\u00eda. La excelencia de su misi\u00f3n de Madre de Dios exig\u00eda en Ella la presencia de una caridad tan alta y elevada que estuviera en consonancia con aquel acendrado amor que le profesaba su Hijo, un amor correspondiente a una maternidad humana. Podemos decir que fue muy grande el amor de Mar\u00eda. Por un lado hacia Dios y por el otro al pr\u00f3jimo.\u00a0<em>Mar\u00eda muri\u00f3 de amor. Fue su muerte el \u00faltimo delinquido preparado de lejos por muchos otros<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La fuerza del amor lleva al que ama a interesantes m\u00e1s y m\u00e1s por la bondad de la persona amada y cuanto m\u00e1s conoce sus excelencias, virtudes y dem\u00e1s perfecciones, crece en ella la calidad de su amor.<\/p>\n\n\n\n<p><em>La virgen Mar\u00eda y la prueba de caridad<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La prueba de la caridad por lo tanto se presentar\u00e1 en un marco y con caracter\u00edsticas que exceden anchuramente nuestros conceptos humanos y nuestras formas de actuar. La prueba de la caridad encuentra su feliz soluci\u00f3n y respuesta satisfactoria en el misterio de la caridad de Cristo hacia su Divino Padre y hacia los hombres. Prueba del m\u00e1s profundo anonadamiento, de la m\u00e1s limpia abnegaci\u00f3n, de la m\u00e1s absoluta entrega al cumplimiento del designio de \u00f1a providencia, de la m\u00e1s cumplida docilidad a la acci\u00f3n transformante del Esp\u00edritu Santo, fuente Suprema del Divino Amor.<\/p>\n\n\n\n<p>La prueba de la caridad en la existencia de la Virgen Mar\u00eda no es otra cosa sino aquel desprendimiento de todo sentimiento humano, por m\u00e1s perfecto que se le pueda suponer, para ser elevado, transformado por la acci\u00f3n de Dios en un sentimiento que se asemeje m\u00e1s y m\u00e1s al modo divino. La virgen por su parte, iluminada por la gracia que en ella abundaba, correspondi\u00f3 a ese llamado de Jes\u00fas con un\u00a0<em>FIAT\u00a0<\/em>h\u00e1gase, en el que pon\u00eda su alma entera , sometida y unidad con su divino Hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pues, Ella no s\u00f3lo aceptaba, sino que verdaderamente amaba esta vocaci\u00f3n a la que Dios misericordiosamente la llamada. En Ella no exist\u00eda voluntad sino para ponerla al servicio del Amor. No exist\u00eda entendimiento sino para emplearlo en el ejercicio del amor. No amor sin sacrificio, ni don de s\u00ed sin olvido de s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>La verdadera prueba de la divina caridad no pod\u00eda causarla otro, sino solamente Dios; no pod\u00eda estar fuera de este objeto supremo: el Divino Amor. Esta obra de amor sobre la Virgen, haci\u00e9ndola Madre y al mismo tiempo conservado su virginidad, es ya en s\u00ed una manifestaci\u00f3n del amor de Dios por Ella; pero una manifestaci\u00f3n que exige de la Virgen Mar\u00eda un abandono en la misericordia de Dios para aceptar la presencia de sus planes como a El le complazca.<\/p>\n\n\n\n<p>Para la Virgen Mar\u00eda se abren perspectivas de una anchura y dimensi\u00f3n inimaginables. Tiene que amar a su Hijo, pero tiene a su Hijo, pero tiene que amarlo con el amor con que se ama a Dios. Amor perfecto, sobrenatural, divino y por lo mismo m\u00e1s perfecto que cualquiera otra clase de amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las pruebas esenciales de la caridad es cuando Mar\u00eda se encuentra frente a la cruz de Jes\u00fas, es la prueba m\u00e1s perfecta. Mar\u00eda am\u00f3 a su Se\u00f1or con todas sus fuerza. No retroced\u00eda ante nada. A todo estaba dispuesta con tal de obrar como Dios le ped\u00eda. Y sabemos que se les exigieron sacrificios \u00fanicos. Ella acepta una vez m\u00e1s el misterio transformante de la divina caridad haciendo su obra en Ella, perfeccion\u00e1ndola, elev\u00e1ndola, posesion\u00e1ndola m\u00e1s y m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor de Mar\u00eda la impulsaba a ofrecer su vida para que la justicia de Dios, tambi\u00e9n sobre ella limpia y santa, encontrara un motivo de complacencia y expiaci\u00f3n al amor herido de un Dios rechazado por el hombre. El acto de infinito amor que Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, presentaba con expiaci\u00f3n por el pecado del hombre, originaba en el coraz\u00f3n de su Madre sentimientos perfect\u00edsimos de la m\u00e1s limpia y noble caridad. Por amor, Ella quer\u00eda tan solo lo que quer\u00eda Dios, aunque esto le ocasionara aquellos terribles torneros&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1os de prueba en los que la divina caridad se fue aquilatando hasta alcanzar aquella perfecci\u00f3n querida por Dios para su sant\u00edsima Madre. Anos de un profundo silencio interior iluminado por la presencia de un amor que se posee, pero que tiende a colmarse de esa infinitud amable que presenta. A\u00f1os de soledad, de separaci\u00f3n f\u00edsica de su Hijo y de su Dios, pues si bien es verdad que Ella viv\u00eda \u00edntima con Dios, como jam\u00e1s mortal alguno podr\u00e1 lograrlo, sin embargo, f\u00edsicamente, corporalmente, pesaba sobre Ella la ausencia de su Amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Prueba de amor, recia y honda, que la hacia vivir su pena en un \u00e1mbito de interioridad y nobleza, como aquella pena que vivi\u00f3 Cristo en su agon\u00eda espiritual, \u00edntima y que le hizo exclamar: Padre, si es posible, que pase de M\u00ed este c\u00e1liz.\u00a0<em>El amor de Mar\u00eda se manifest\u00f3 tambi\u00e9n por la paciencia en soportar las aflicciones<\/em>. Ten\u00eda que amar a los hombres con el mismo amor con el que amaba a su Dios. El amor de Mar\u00eda, al igual que el de Cristo, se presenta como amor misericordioso, preocupado de realizar el bien, de procurar que los dem\u00e1s participen de la bienaventuranza divina.<\/p>\n\n\n\n<p>El alma que ha llegado al supremo amor copia en su fondo el fondo del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas; ese amor es doloroso y beatificaste, porque es la plenitud del amor; es uni\u00f3n y es deseo, es posesi\u00f3n y es hambre, es plenitud y es vac\u00edo<\/p>\n\n\n\n<p><em>La Virgen Mar\u00eda y el gozo de la divina caridad<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Su gozo era perfecto como perfecto era su amor. En ella el amor hacia Dios era la firmeza que hund\u00eda sus m\u00e1s profundas ra\u00edces en la misericordia misma de la omnipotencia divina, que hab\u00eda realizado en Ella grandes maravillas. Este gozo era una experiencia viva, experiencia inteligente de ver la forma como Dios la amaba a\u00fan tanta prodigalidad y excelencia. El gozo es fruto del amor y el gozo perfecto viene del amor consumado.<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos decir que el gozo era una alegr\u00eda profunda, que no bastante carecer de arrobamientos, reverberaciones, fen\u00f3menos f\u00edsicos como rompimiento de costillas bajo los fuertes impulsos de los latidos del coraz\u00f3n. Su gozo radicaba en aquella inquebrantable seguridad que ten\u00eda de que alg\u00fan d\u00eda, cuando Dios lo dispusiera, ir\u00eda a participar en una forma excepcional de la plenitud del gozo que Dios reserva para sus elegidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Su sumisi\u00f3n a Dios expresado; he aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or h\u00e1gase en mi seg\u00fan su palabra, era mas que nada una aceptaci\u00f3n jubilosa, vivificada por el amor gozoso de Dios, que la invad\u00eda con plenitud desbordante. Gozo humano no perfecto, al contemplar la realizaci\u00f3n de su vida en correspondencia cabal al designio de Dios, pero sobre todo, gozo divino al descubrir, bajo la asistencia del Esp\u00edritu, las excelencias que Dios realizaba en Ella.<\/p>\n\n\n\n<p>El verdadero gozo de Mar\u00eda fue su misterio de su divina maternidad. Pero no podemos dejar a un lado la experiencia de ese amor de predilecci\u00f3n tan eximio y perfecto como Dios la amaba y se entregaba a Ella. Ya podemos al menos imaginarnos el gozo que ha de haber experimentado la Virgen ante una mirada de amor de su Hijo, ante una de sus caricias divinas, ante una de sus palabras que le inundaban de alegr\u00eda los \u00edntimos reductos de todos sus sentimientos maternales. Dios la amaba, y esa verdad la Virgen la disfrutaba, la medida, la viv\u00eda en la gozosa presencia del amor de Dios.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:right\">Miguel A Ponce<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Virgen Mar\u00eda y el desarrollo de la fe teologal. Considerar a la Virgen Sant\u00edsima realizando el progreso de la fe teologal es acercarnos a contemplar una de las m\u00e1s bellas facetas de su excelsa existencia. Su vida fue una vida de fe en donde no encontramos nada de pasivo o turbio, sino que por &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/www.viajeros.net\/vwp\/la-virgen-maria-y-las-virtudes-teologales\/\" class=\"more-link\">Continue reading<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;La Virgen Mar\u00eda y las Virtudes Teologales&#8221;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-229","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.viajeros.net\/vwp\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/229","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.viajeros.net\/vwp\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.viajeros.net\/vwp\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.viajeros.net\/vwp\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.viajeros.net\/vwp\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=229"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.viajeros.net\/vwp\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/229\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":230,"href":"https:\/\/www.viajeros.net\/vwp\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/229\/revisions\/230"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.viajeros.net\/vwp\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=229"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}